La llave de la calle

“Señorita Rosemary,” dije malhumorado,
“nuestro balance tiende al rojo,

debemos cortar nuestros gastos generales.

Uno del staff tendrá que irse.

Ahí está el señor Jones, es terriblemente lento,

aunque se esfuerza lo más que puede, lo sé.

Un viejo venado, lo quería bien,

pero la edad, compañero, siempre cuenta.

Señorita Rosemary, por favor toque la campana

y dígale al viejo Jones que venga aquí…

Oh, querida, no es gracioso decir

las cosas que tengo decir.

“Entre y siéntese, señor Jones”.
Me agradeció en tonos sepulcrales.

¡Pobre tipo! Escuché sus huesos crujientes.

“¿Quiere un cigarro?, ¿y cómo está su esposa?
¡Qué es eso! Teme por su vida,

un cáncer y el cuchillo del cirujano. . . “

“Sí, las operaciones son así,

pero puedo sentirme cómodo y contento

de saber que mi trabajo aquí está firme”.
Aquellas son sus palabras, tan suaves y mansas

parece como un niño sencillo…

¡Vaya, maldita sea! De pronto me encabrito.
Así que le dije: “Eso es demasiado malo”.

Pero señor Jones, es muy triste,

sabe las pérdidas que hemos tenido.

Debemos recortar en tiempos como estos,

así que ahí hay un cheque, oh, tómelo por favor,

lo ayudará a pagar los honorarios de su médico.

“Y sólo para mostrarle cómo aprecio su trabajo,

más allá de los tristes días que le estoy dando…

un pequeño aumento”.

Rosemary dijo: “El viejo Jones está llorando”.
Yo pensé: “Sí, cada semana estaré suspirando

cuando de mi bolsillo esté pagando

diez dólares para evitar que se muera su esposa”.

 

traducción de Hugo Müller

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