Jaimito Morales, cómico y violador

Al presidente de Guatemala le conocimos las mañas apenas asumió y asomó su cabeza al mundo de la política. Ya en televisión era un pedante inaguantable, con nula conciencia social y mente sólo para acumular dinero y hacerse amigo de los narcos. Así, bancado por mafias importantes de Centroamérica, y apoyado por la CIA y los veedores de Washington, aprovechó el hastío de la población con las propuestas de los partidos tradicionales, y fue una alternativa en un menú variopinto que refleja la transformación de los regímenes políticos contemporáneos, al menos en América Latina, en democracias enclenques o cuasi colonias de las potencias hegemónicas (en la región, principalmente, protectorados yanquis).

Y en eso ha convertido a Nicaragua, haciendo estragos y siendo cómplice de crímenes de lesa humanidad contra líderes sociales, la mayoría de ellos campesinos. Es que Guatemala no se queda atrás en el arte de la “guerra sucia” o el “combate a las drogas” al estilo mexicano, donde se tortura y se mata a inocentes indígenas, aún cuando se hayan convertido al evangelismo. La penetración ideológica del imperio es intensa. La crisis política, económica y moral va cobrando una violencia que los guatemaltecos conocen muy bien. Las pandillas hacen pie en los barrios bajos y hacen un infierno de la vida urbana. No amenazan a Morales, algunos son enviados a Estados Unidos para que los sentencien a muerte allí. Los padres, separados de los hijos. Trump hace la vista gorda y llama por teléfono a Morales para pedirle que detenga la sangría si no quiere terminar en un zanjón: el mafioso mayor amenazando a un mafioso menor. Prueba de ello es la reciente acusación del Ministerio Público guatemalteco, que en un comunicado informó que el actual presidente es “un abusador de jovencitas”, opinión compartida por varios investigadores de la vida privada del mandatario.

Las víctimas de Morales declararon que temen por sus vidas y hasta el momento, parece que el dinero que les ofreció el mandamás las calmó un poco y les quitó las ganas de presentar las pruebas de los abusos sexuales de Jaimito. La diputada opositora y activista Sandra Morán, del partido Convergencia, instó a la Fiscalía a iniciar una investigación de fondo y mostró su repudio contra las conductas indignas de Morales.

Paralelamente a este kilombo, el presidente debe afrontar miles de denuncias por corrupción, fraude, malversación de fondos públicos, financiamiento ilegal, conexiones estrechas con el narcotráfico, espionaje y armado de un aparato parapolicial para perseguir y aniquilar a sus enemigos políticos. Más de 200.000 indígenas, campesinos y activistas guatemaltecos protestan todas las semanas en el centro de la capital para exigir su renuncia, siendo tan abrumadoras como escandalosas las pruebas halladas en su contra y exhibidas en varios sitios de Internet.

Los manifestantes salen de cuatro diferentes zonas de la Ciudad de Guatemala para reunirse en el centro histórico y demandar la salida de Morales, y brindarle apoyo a la comisión antimafias de la ONU presente en el país desde hace más de un año, que ya ha difundido varios dictámenes que demuestran los delitos cometidos por el ex presentador de TV en el ejercicio de la presidencia.

Tras casi seis horas de caminata y concentraciones en edificios públicos, la manifestación concluye en la plaza central de la capital donde los participantes lanzan duras críticas contra el gobernante. La fiscalía y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), solicitaron levantar los fueros a Morales para profundizar en las pesquisas pero diputados afines han evitado esta posibilidad. Su impunidad y negligencia son tan alevosos como asquerosos. Como a Macri en Argentina, va a haber que sacarlo con rasqueta.

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