Noctámbulo

¡Uy! Son las dos.
¡Mira!, las luces están saltando.

Termina tu cerveza,

el tiempo en que todos follábamos.

Los camareros apilan las sillas sobre las mesas,

vamos a nuestras guaridas debajo de los faldones.

Arriba el viejo Miguel trepa con pasos erráticos.

Firme… ¡cómo deseo estar en mi ático!

Estoy relleno de ánimo,

en mi corazón el regocijo se agita,

no puede ser la cerveza,

deben haber sido las ostras.

En obscena formación los tachos de basura desbordan,

¡cómo me gustaría que huelan tan dulces como el trébol!
Las mujeres de Charing esperan que los cafés cierren sus persianas,

las ratas deambulan arriba y abajo de las alcantarillas.

Abajo en la calle oscurecida los carros del mercado se arrastran,

un caballo con pies escaldados, el conductor de rostro colorado durmiendo.
Cargas de verdes vívidos,

zanahorias, puerros, papas,

coles y frijoles,

nabos y tomates.
Un par de tíos impecables,

cigarrillos y fajas,

me contemplan,

quizás desesperados apachés.

“No necesitan molestarme”,

Alegría, bien lo sabes tú

porque soy un poeta del Barrio Latino.

“Les doy villancicos, madrigales y canciones,

baladas y rondeles, odas y panegíricos.

Poeta cansado y pobre,

aguijoneado por el frío y el hambre,

trovador de problemas, baladista de la miseria”.

¡Piensa cuán arruinado está!
Cada movida que hago,

sacudo el centro de la gravedad cósmica,

Oh, qué extraño sentir (como estoy ahora sintiendo)

aún cuando me tambaleo, todo el mundo se tambalea.

Las estrellas también se tambalean,

Neptuno y Urano, Júpiter y Marte,

Mercurio y Venus, los soles y las lunas conmigo,

mientras me dirijo a casa,

todo simpatía,

balanceándome, balanceándome.

¡Dios! Tengo una cabeza.

Bueno, no es sorprendente.

Debo ganar mi cama antes de que salga el sol,

cuando la feliz alondra

planee alto en el cielo

me negaré a escuchar,

estaré roncando, roncando.

Golpea un fósforo de sulfuro…

¡Ja! Al fin mi desván.
busco a tientas el pestillo,
cierro la puerta y la trabo.

Cama, esperas graciosamente,

a pesar de mi desdén…

Así, bizcamente, viejo y loco mundo, buena mañana.

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