La madurez de Maduro

Acompañado por el astro futbolero Diego Armando Maradona, apoyado en el legado ideológico y la coherencia discursiva del extinto comandante Chávez, soportando estoicamente bloqueos y sanciones económicas del imperio estadounidense y sus aliados, padeciendo el bullying y el amedrentamiento de sus pares sudamericanos surgidos en la ola reaccionaria, de derecha y “antipopulista” que se ha propagado por los gobiernos de los países de la región, desde el golpe al clérigo Lugo en Paraguay, pasando por la destitución bochornosa de Dilma Rousseff en Brasil, con el único apoyo del presidente indígena boliviano Evo Morales, Nicolás Maduro, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, logró su reelección de manera aplastante, haciendo oídos sordos a las quejas y lamentaciones de los adalides del neoliberalismo y el nuevo orden mundial implantado por elites de multimillonarios y ladrones de guante blanco que se han apoderado de los aparatos estatales para desde allí desarrollar sus programas de ajuste, hambre y represión (sometimiento del pueblo a sus designios para que ellos puedan disfrutar de sus riquezas sin dolores de cabeza, como que los trabajadores reclamen no hundirse cada vez más en la pobreza, o en la neoesclavitud, que es el resultado lógico de las políticas públicas de estos nuevos gobiernos asqueantes, pesadillescos, como los de Temer en Brasil y Macri en Argentina. .

No esperaban que el ex conductor de metros de Caracas tuviera la templanza y la sobriedad para resistir sus arteros ataques, la conformación de manadas de guarimberos decididas a desestebalizarlo y hacerle caer de cualquier modo, contemplando incluso la invasión del ejército yanqui, en colaboración con paramilitares y soldados colombianos, anhelantes por extender su hegemonía al territorio glorioso donde viene mandando el chavismo, imponiendo las reglas y socializando las riquezas de la oligarquía en forma tenue y persistente. Y es que el líder venezolano ha llegado a su madurez, a su punto más sólido, respondiendo con orgullo y sobriedad al legado que le encomendó Chávez, y llevando a la patria por un camino espinoso, defendiendo su soberanía y su dignidad a capa y espada, a ultranza, poniendo en su lugar a monigotes y jerarcas de hijaputez ampliamente comprobada, como Rajoy o Almagro, que no pueden responder por sus propios desquicios, vuelcos e incoherencias constantes.

Por supuesto, los medios de comunicación, protagonistas relevantes de los acontecimientos del mundo y planificadores de agendas convenientes a los intereses de sus amos, ya salieron con su retahíla de infamias y estupideces, descalificando el acto electoral venezolano, e insistiendo en que no reconocen el triunfo de Maduro, y con su golpismo desembozado, apuestan por generar disidencias en las fuerzas armadas bolivarianas, sembrando disidentes y construyendo mártires de pacotilla que siempre acaban desnudando su impotencia e imbecilidad refugiándose en alguna embajada amiga, o huyendo directamente a continuar con su golpismo amparados por los medios europeos o yanquis. Las campañas de la oposición continuarán pero no podrán hacer mella en su madurez, en su bigote siempre bien acomodado, en sus encendidas palabras siempre justas y precisas, fieles a la verdad, dispuestas a la lucha y a desnudar las iniquidades y embestidas del imperio yanqui y sus amigotes, que tienen entre ceja y ceja el petróleo y otras riquezas naturales del país caribeño. Por todos estos motivos, celebramos el triunfo de Maduro y nos ponemos a su disposición para prolongar la honra y la obra de la Revolución Bolivariana, la cual debería comenzar a expandirse, teniendo en cuenta el grado de indefensión, desesperación e inopia en que vive la mayor parte de la población en países o gobiernos neoliberales modélicos, como los de Chile, Argentina, Brasil, México (donde están por perder el poder) y todos los estólidos que reiteran como autómatas los lugares comunes y clichés que propaga la prensa hegemónica sobre la vida y el presente en Venezuela. ¡Viva Venezuela, bravo por Maduro, “chapeau” por Diego Armando Maradona. Y los enemigos: “que la chupen hasta el 2025”,

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