Escucha…

Hay un golpeteo en el cráneo,

un alarido silencioso e interminable

de algo golpeando en la pared, y gritando “¡déjenme salir!”

 

Aquel prisionero solitario nunca oirá una respuesta.

Ningún camarada en la eternidad podrá escuchar su grito frenético.

Ningún corazón puede compartir el terror

que asalta a su monstruosa oscuridad.
La luz que se filtra a través de grietas

ningún ojo puede distinguirla.
Cuando la carne se une a carne ansiosa,

y las palabras se tornan calientes y rellenas,
pienso que está más solo aún,

el cautivo en el cráneo.

Atrapado en una malla de venas vivientes,
en una celda acolchada de huesos,

su tiempo más solitario es cuando pretende no estar solo.

Liberaremos a la raza encarcelada de hombre

que aguanta una condena como ésta,

tú sólo podrías desbloquear mi cráneo,

o me arrastraré al tuyo.

 

Ogden Nash, trad. HM

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