Chocobar inaugura la heladería Gatillo Fácil

Por Máximo Redondo, 21 de diciembre de 2018

Se invitó a toda la plana mayor del gobierno, el presidente y su “equipo de los sueños”, para la ceremonia de apertura. Incluso los curas amantes de la “pena de muerte” que salieron a respaldarlo cuando un juez se atrevió a embargarlo por 400.000 pesos y beneficiarlo con la “legítima defensa” en la comisión de su cobarde asesinato por la espalda. Bajar de dos corchazos al pibe chorro que le había sacado la cámara a un turista yanqui le mereció su elevación a la categoría de héroe por parte de Mauricio Macri y del establishment mass-mediático que “banca” a la derecha “moderna” y dominante que se ha apoderado de Estados Unidos, Sudamérica y gran parte de Europa.

La fabricación de los helados se tercerizó concediéndola al presupuesto más económico entre la comunidad de policías dados de baja y degradados por actuaciones miserables y criminales, que como cualquier hijo de vecino, en algún momento de sus vidas tienen que reconvertirse. No importa que no dominen la técnica de elaboración y preparación de cremas y frutales, ni que sean inútiles para lavar los platos o limpiar sus cuartos, sólo falta que sean adeptos a la secta del “gatillo fácil”, propensos a matar a cualquier muerto de hambre, a aprovechar al máximo las ventajas del oficio policial y la portación de armas. Esto significa liquidar a los ladrones que le hacen mala fama a la Argentina. Sea de uno u otro modo, la idea se le ocurrió a Chocobar y se iluminó con su festivo apellido, ya que tanto el chocolate como el bar pueden ser un deleite para los sentidos, y vaya si no hay algo mejor en el mundo que tomarse un rico helado de sambayón y frambuesa.

“Estamos en una Argentina donde la libertad de expresión es absoluta. Si bien puede espantar a una parte de la sociedad, va a ser un éxito total en los votantes de Cambiemos. Un golazo total que andamos necesitando. Un argentino más, en este caso un héroe, que prosperó y creció en la escala social gracias a nuestras políticas” –lo asesoró Durán Barba, que mete sus narices en las más delicadas cuestiones de Estado.

Bullrich estaba exultante y pidió kinotos al whisky y pasas al rhum. Recién llegada de su viaje a Estados Unidos donde finalizó la negociación para conchabar una “fuerza de despliegue rápido” de la DEA para que patrulle el norte Argentino y se asiente en la futura base militar que Macri ya le vendió al gobierno de su viejo amigo Trump. Destacados representantes de las inmorales plutocracias que están atormentando a los pueblos del continente también fueron invitados al evento (la inauguración de Gatillo Fácil), como el peruano Vargas Llosa, el uruguayo Almagro y la venezolana Machado.  Por supuesto, varios simpatizantes de la mano dura del barrio y del entorno íntimo de Chocobar estaban invitados a ser los primeros clientes, y el gobierno de Macri, demostrando una enorme e inverosímil sensibilidad social, transfirió el dinero para dejarles el vaso chico con un solo gusto a 100 pesos y el cucurucho con dos gustos a 200 pesos, con una cláusula gatillo que le permitirá al “héroe” Chocobar subir el precio de sus helados cuando se le ocurra o cuando se lo diga Mario Quintana, que según todos los reportes periodísticos tiene más “guita” que el presidente, y también lo apoyará y contribuirá a su causa (la de Chocobar, que es la del presidente, y casualmente coincide con la del gobierno de Estados Unidos). Quintana se pidió uno de lima con jengibre y menta –todo eso es un gusto- y pera con queso azul. Por supuesto, a todos los funcionarios se los invitó y se les regaló un kilo de helado con un imán con el logo de la empresa (esa acción solidaria fue gentileza del ex presidente de Farmacity que sabe una barbaridad de Responsabilidad Social Empresaria).

Estaban también Triaca, Marcos Peña y Dietrich, quienes definieron el salario de los dos heladeros contratados por Chocobar (15.000 pesos por mes, trabajando doce horas por día, con un franco semanal), elegidos por haberse certificado en los expedientes en los que los exoneraron de sus “fuerzas” que mataron por la espalda, como parece ser la nueva doctrina de las fuerzas policiales y militares argentinas. Sus teóricos y académicos argumentan: “Así es más seguro, rápido, y se termina rápido con la lacra de la delincuencia”.

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