Aquellos días felices

¡Qué placer sentarse en la playa,

en la arena, en el sol, con el inmenso océano al alcance

y nada para hacer!
Ninguna carta que responder,

ninguna cuenta que quemar,

ningún trabajo del cual escapar,

ningún dinero que ganar,

¡qué placentero es sentarse en la playa con absultamente nada para hacer!

Qué placentero es contemplar el océano,

democrático y húmedo, indiscriminado,

me llena con una noble emoción

de pensar que soy capaz de nadar en él.

Lavarme en la ola,

majestuosa y refrescante,
mañana lo deseo porque hoy es demasiado tonto.

Es placentero contemplar el océano,

mañana quizás debería nada en él.
Qué placentero mirar a los marineros

mientras conducen sus botes varonilmente
con el vigor de vikingos y balleneros

en los días de los vikingos y la ballena.

Ellos se divierten a orillas del sábalo y el tiburón,

si está ventoso se hunden,

si no lo está permanecen quietos.

Es placentero contemplar a los marineros,
contemplar sin tener que navegar.
Qué placentera la sal anestésica del aire,

de la arena y el sol;
deja la tierra al fuerte y atlético,

y a aventurarse en el mar.

Pero el sol y la arena no pueden ser copiados por ningún empresario,

descansamos en la tierra del loto y la amapola,

vegetamos, calmos y estéticos,

en la playa, en la arena, en el sol.

 

Ogden Nash, traducido por HM

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