Vergonha

por Alvaro Correa

Tres tristes jueces comen chuletas con papas fritas en un búnker de la CIA, acompañadas de cerveza estadounidense. Los dejaron solos, en espera de recibir su salario por haber condenado a Lula. No alcanzó con la cruzada del juez Moro: la dictadura del ratero Temer necesita manipular el corrupto aparato judicial brasileño, exprimiéndole fallos infames y persecusiones ignominiosas. El principal enemigo es el ex presidente petista que osó enfrentar a las elites dominantes con un modelo desarrollista que distribuyó un poco de riqueza en el miserable “gigante” sudamericano, promoviendo la educación y cuidando la salud de millones de brasileños que vivían en la indigencia y que lograron subir algunos peldaños en la empinada escala social que siempre tuvo Brasil. Eso es muy meritorio y ha conquistado el corazón no sólo de sus compatriotas sino de líderes y ciudadanos de todo el mundo que respetan su obra y su acción. Hoy es imprescindible ser lulista hasta la muerte, y confiar en que la fuerza y la razón del pueblo prevalecerán sobre las intenciones malignas de la temeraria dictadura mamarrachesca que hoy guía los destinos del país.

Los jueces eructan y sonríen melancólicamente, tienen los fondos para “cambiar de vida” y ser millonarios excéntricos en paraísos fiscales o islas privadas, tienen todo a su disposición para escapar y convertirse en protegidos de Trump. Si uno se pone a pensar a fondo en la cuestión, observará que hasta el mismo Evo Morales –supuestamente revolucionario y defensor de los oprimidos- viajó a Brasil y practicó todo tipo de genuflexiones para congraciarse con el enclenque dictador brasileño, firmando un Memorándum de Entendimiento del Tren Bioceánico, megaproyecto compartido con otro gobierno depravado como el peruano de Kuczinsky. Con la excusa de que tienen fronteras en común y que hay que luchar contra el “crimen organizado”, además de discutir una intensa agenda en temas espinosos como provisión de energía, defensa, desarrollo fronterizo, integración de la infraestructura, asuntos migratorios y consulares, comercio e inversiones, sin enrojecer un ápice su piel curtida de indígena cocalero, Morales llamó a su homólogo brasileño “hermano presidente Michel Temer”. Repudiable actitud, por cierto, para quien pretende obtener su cuarto mandato consecutivo, y ser el portavoz de los desposeídos y excluidos por la cruel globalización que está destruyendo nuestra Madre Tierra. Reconocemos, eso sí, que se ha quedado en la región más solo que “loco malo”. Y para salvar su honor, cabe remarcar que enterado de la condena a Lula, twitteó: “Sentenciado injustamente, el hermano Lula da Silva es víctima de una conspiración que busca impedir que sea candidato y gane las elecciones con el apoyo del pueblo al que le dedicó toda su vida. Fuerza hermano Lula”.

Desesperado, como tantas personas sensibles en el continente, agregó en su cuenta de la red social del pajarito: “Aun quedan muchas batallas por luchar y ganar. Su verdad triunfará. Los obreros, originarios, trabajadores y pueblos antiimperialistas estamos contigo #LulaInocente”.

Los jueces consultan en sus celulares el impacto de su medida. La noticia corrió por todo el mundo y fue debatida en los medios de comunicación cómplices que participan y protagonizan la conspiración antilulista, festejan la aberración de pisotear los derechos del gremialista brasileño sin una prueba de lo que se le acusa. El argumento y la narrativa de las causas en su contra son pura invención de guionistas hollywoodenses. Un cúmulo de posverdades tan absurdas y forzadas, que sólo las puede tragar la ciudadanía más descerebrada y alienada, afectada por el sistema orwelliano que han instaurado las derechas latinoamericanas de la mano del trumpismo yanqui. Es escatológico y obsceno hurgar en sus razonamientos de mercenarios cretinos. Pero a los jueces nada de esto les importa y por el momento continúan disfrutando de su farsesca decisión. Entretanto, el gobierno de Temer continúa descargando un brutal plan de ajuste y represión de los derechos sociales y humanos de los trabajadores y de todo el pueblo brasileño en su conjunto.

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