Peluquería y notaría del padre Eddie

Lunes cerrado.

Es la música, son hombres,

salidos temprano del trabajo,

esperan por una oportunidad en la silla

mientras el águila hace agujeros en tus bolsillos,

dejando el tiempo girar como ventiladores oxidados,

flores de acero con frescas brisas,

no tienen nada mejor para hacer que adivinar

los años de pelo enmarañado debajo de sucias capas de borrachos,

el dolor de correr un peine empuñado a través de nudos obstinados,

es la sucia oscuridad debajo del blues,

las tiernas cabezas de los hijos todas con maravillosos peinados frescos,

perdiendo la mitad de su altura,

una madre recogiendo pelo para la buena suerte de una suave peluca,

es la redonda dificultad de los oídos de los muchachos al atender

la información sobre Eddie para cortarse en partes y flechas,

queriendo que sus nombres sean leídos por sólo pocos días

y en el medio de un jazz delicado está el peinado veloz de una cabeza,

la onda negra alrededor de tus pies,

los abuelos deteniendo sus juegos de dominó de marfil,

justo antes de alcanzar el campo de huesos

está el parpadeo de las viudas anunciando

que lo corten limpio, que están haciendo trámites,

y el pelo sólo se pone en el camino,

es el giro final de la silla, una reflexión de la reflexión

que aguijonea del tónico de invierno verde en el cuello,

de la nieve durmiente del pelo de un hombre,

cuando adviertes que es tu turno, tú eres el próximo.

 

Kevin Young, traducido por HM

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