La casa en el acantilado

Allá rojiza parece el cielo dorado

y dorada parece el llano arenoso.

El ojo no encuentra ninguna habitación,

excepto en el borde del horizonte,

a la mitad del muro de cal,

aquel punto negro no es una mancha ni una sombra,

sino el agujero de una caverna,

donde alguien solía trepar y arrastrarse

para descansar de sus obsesivos temores.

Veo el callo en su alma,

lo último que desaparece de él,
y de la delgada hambre de su raza,

oh, años atrás, diez mil años.

 

Robert Frost, traducción de HM

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