El referéndum kurdo: ¿otro frente de guerra a la vista?

Por Abdullah “Apo” Öcalan, enviado especial a Suleimaniya

Los kurdos son la nacionalidad oprimida sin Estado más grande del mundo. Los 26 millones de kurdos conforman el cuarto grupo étnico más grande de Medio Oriente, después de los árabes, los turcos y los persas, y no les vendría mal tener su propio Estado, como el ya viejo Israel. A su vez su problema ha cobrado una gran importancia en el contexto mundial, sobre todo en Medio Oriente, región convulsionada por diversos y grandes conflictos entre países, naciones y religiones, en la cual han intervenido otros países occidentales, como es el caso de Estados Unidos.

Hasta el presente, el ‘problema kurdo’ era un problema turco, un problema sirio, un problema iraní y un problema iraquí. La invasión estadounidense a Irak y Siria -vía mercenarios, llámese “Estado Islámico”- lo ha convertido también en un problema para todos los interesados en su petróleo. El nacionalismo kurdo aparece, en comparación con otros países, en forma “tardía” y puede deberse a sus características originales de pueblo nómade. Lo cierto es que el presidente del Kurdistán iraquí, Masud Barzani, convocó a un referéndum para lograr su “Irakexit”, sumándose a la moda de los países líderes de Occidente, que se escapan de acuerdos globales y se burlan de la supervivencia del planeta, o de un continente entero.

Se acabó la hora del falso multilateralismo, las horas presentes son descarnadas y de la mano del lobby israelí se llegó a realizar el evento, publicándose un resultado que le otorga el 88% de votos a la “independencia”, con un 77% de asistencia a las urnas. Lo cierto es que se nota el oportunismo de un plebiscito que sólo piensa en un pequeño estado, y no en el gran Kurdistán, como debiera planificarse si se quiere arribar a un horizonte exitoso. De hecho, Haidar Al Abadi, primer ministro chií de Irak, advirtió que se trataba de un circo inconstitucional, y lanzó un ultimatum de 72 horas para que el líder kurdo entregue el control de los aeropuertos y los puestos fronterizos, si no quería que se proceda al cierre de su espacio aéreo y sus fronteras.

Por su parte, el controvertido y resistente primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, amenazó con invadir Irak –tal como operó en Siria-, rememorando su operación Escudo del Eufrates, bautizando a sus despliegues militares como buen alumno de las grandes potencias militares, Israel y Estados Unidos. Considera a un potencial estado kurdo como terrorista, y no está dispuesto a aceptarlo de ninguna manera. Acusó a Barzani de “jugar con fuego” y le prometió que se va a arrepentir de su precipitada decisión. En otro alarde de su admiración por el comportamiento de Trump y su patota, anunció que impondrá sanciones económicas que exterminarán de hambre a los kurdos iraquíes. “Acabaré con su sueño de un estado soberano. No tienen ni idea de cómo es ser un Estado. Piensan que son un país sólo por un fraudulento plebiscito” –remató el líder turco.

En verdad, la iniciativa surgió en una charla de café, luego de que las fuerzas peshmergas (milicias kurdo-iraquíes) resultaran las más eficientes en la “guerra” contra ISIS, resultando los más valientes y decididos en la toma de Mosul. Además, según el notable filósofo esloveno Slavoj Zizek, los kurdos son la nación más progresista y democrática de Medio Oriente. Esto los envalentonó y lanzaron el desafío del referéndum, que tampoco le cayó en gracia a Irán, quien ha alistado un sofisticado sistema de misiles para controlar, al estilo norcoreano, cualquier influencia yanqui-israelí en la región. Lograr que Erdogan y Hasan Rouhani, presidente iraní, se sienten a conversar y planificar cómo actuarán de aquí en adelante, y ayudarán –paradójica y milagrosamente- al gobierno irakí para evitar el secesionismo kurdo, que puede convertirse en un problemón, por no decir un polvorín, es la principal y notable consecuencia del acto independentista kurdo.

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