¡Patoteada del gordo Lanata a un mapuche preso!

por Máximo Redondo

Ya el orangután vocero del gobierno, miembro importante de su think tank y empleado de Magnetto Jorge Lanata, ha realizado miles de shows consistentes en insultar, provocar y difamar a todo lo que le huele a kirchnerismo. De eso se trata el arte de la gestión de Cambiemos, además de extorsionar mafiosamente a la población con comunicadores de la calaña del periodista Lanata, célebre por sus otrora posturas progresistas, y sus actuales acciones, donde representa el papel de un comandante de las bandas fascistas del macrismo (o de sus fuerzas antiterroristas, como le guste al lector). Así se comportó en su entrevista con Jones Huala, más que como un patrón, como le imputaba el joven cacique de notable parecido con el actor Claudio Gallardou (en su juventud). Además de la materia fecal de sus expresiones (tal como postula Jorge Asís en Twitter), lo suyo está lejos de poder calificarse como discurso, tal cual erróneamente le atribuye el avezado analista literato –más allá de que lo califica como “discurso vacío”-.  Más que discurso vacío, lo de Lanata es una jerga barrabravesca, patoteril en el peor de los sentidos, de una ingente miserabilidad mezclada con una cobardía que, más que cínica como pretende ser, es digna del género femenino. Se cree que a sus 54 años, con varios tratamientos de hemodiálisis encima, una dura adicción a la cocaína y la “justicia macrista” detrás, está en condiciones de insultar y amenazar a quien se le ponga delante, incluidos agentes de inteligencia. En síntesis, se cree un tipo pesado, y de hecho lo es. Verlo puede dar mucho asco y repulsión. Su capital cultural le basta para cancherear y escupirle al indígena que sus palabras no tienen ningún interés, llegando a preguntarle si se creía que era Sartre. Se ve que es un barrabrava que lee y eso lo coloca en el lugar de privilegio que ocupa, con todo el séquito del gran medio de comunicación donde trabaja dispuesto a sobarle el nabo y conseguirle chicas. Por supuesto, siendo el gran putañero que es, la red de prostíbulos de Macri y sus amigos le ofrecen noches y días de entretenimiento como pago a sus dichos y “revelaciones”.

De todos modos, hay motivos mucho más oscuros detrás de la entrevista de Lanata al líder mapuche aquí comentada: está la desaparición del “artesano” Santiago Maldonado, como lo denomina el diario Clarín, a manos de Gendarmería Nacional, la ministra de “Seguridad” Patricia Bullrich y su jefe de gabinete, quien participó en persona del operativo de la mencionada fuerza policial donde se lo vio por última vez a Maldonado. En esta oportunidad, la fuerza represiva estaba compuesta por 200 combatientes que con el cometido de despejar una ruta –supuestamente cortada por siete mapuches- ingresaron a la comunidad, y entre otros trámites de rigor en “operativos” y despliegues de este tipo que hace la fuerza, se “chuparon” a este joven oriundo de 25 de Mayo que acompañaba las causas nobles de los pueblos sometidos, teniendo el dudoso honor de parecerse al Che Guevara y ser el primer desaparecido de la era macrista, por el que reclaman, entre otros famosos, Diego Armando Maradona. Y Maldonado sabía quién es Jones Huala, “el terrorista” argentino que cultiva humildemente el arte literario, que escribe en la publicación La Garganta Poderosa y quiere conquistar fama para que se dé a conocer su lucha, en un desesperado intento por evitar su extradición a Chile, donde el gobierno mellizo de Bachelet, con sus “Carabineros” vengativos, lo espera para torturarlo y someterlo a más vejaciones de las que le hacen en territorio argentino. Lo triste de la historia es que Jones Huala desafió a Lanata para que fuera a entrevistarlo. El gordo aceptó el convite y lo cagó, lo humilló y lo patoteó a su antojo sólo para encubrir la desaparición forzada de Maldonado y abogar por los intereses del gobierno de Cambiemos, cumpliendo con su principal misión en la actualidad. Su impacto (a favor y en contra) en la redes sociales, le asegura más “shows” de estas características, para alegría del presidente y el tercio de la población que apoya su pseudodictadura.

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