Paramilitares santistas necesitan bendición papal

por Alvaro Correa

La semana que viene se realizará el viaje del papa Francisco a Colombia, donde dará misas, participará de actos de reconciliación y promoverá la tan anhelada y esquiva paz firmada con las FARC y en negociaciones con el ELN. Visitará Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena, donde seguramente disertará sobre el rumbo descarriado del mundo, la falta de fe en la religión católica, y la necesidad de respetar a la naturaleza. El papa parece ser un árbitro que da garantías, de esos que siempre ofrecerán una buena solución. Ello, a pesar de haber fracasado en la reanudación de la amistad entre el ex presidente Uribe, enemigo de los acuerdos de paz y gerente de varias empresas de actividades paramilitares, y el actual Santos, promotor y gestor de dichos acuerdos, por los cuales mereció el Nobel de la Paz y más aval de Estados Unidos en su despliegue militar, comercial y estratégico en la región, entre otras cuestiones, para acosar y doblegar al resistente gobierno bolivariano.

Por supuesto Francisco no hará referencia a estas cuestiones, sino que recibirá a la cúpula eclesiástica venezolana, que en tren de huir de su país como lo está haciendo la oligarquía enloquecida y cruzar la frontera hacia una Colombia que se exhibe pacifista, beatífica y paradisíaca, van a implorar al santo padre que vocifere en contra del “régimen de Maduro”. Por ello se ha organizado una visita alegre, positiva, con un himno que mezcla vallenatos con rap, que acompañará a Francisco cual réplica de “Despacito” durante sus cuatro días en el país cafetero. Como gran tiempista, Francisco visitará en Cartagena la tumba de San Pedro Claver, jesuita del siglo XVII que entregó su alma y su vida a la protección de los esclavos negros del puerto de Cartagena de Indias, llegando a apodarse a sí mismo “el esclavo de los negros”. Se lo ha declarado patrono de las misiones entre los negros y un ejemplo de amor hacia los pobres y marginados, la escoria de la sociedad. Hacia ellos ha mostrado simpatía Francisco, y está ansioso por cobrar energía y recibir consejos de su parte. La comunicación hoy está abierta a múltiples destinos, y por qué no se puede dar el milagro de que el santo esté vivo y tenga un teléfono celular.

Más de 30.000 policías y militares custodiarán los recorridos del papa para evitar agresiones y atentados, y encubrir la matanza y la falta de paz alevosa que prevalece en el país según informes a los que ha tenido acceso Maldita Realidad, basados en cifras oficiales de ONGs colombianas. En 2017 se ha asesinado a líderes sociales y miembros de las FARC que habían entregado sus armas a razón de uno cada 3 días. La situación es cada vez más preocupante. La apropiación de las tierras de las que se desmovilizaron las FARC por parte de bandas de paramilitares –uribistas algunos, santistas otros-,  no ha contribuido a la tan promocionada paz social. Viven amenazados e indefensos, porque la policía también los aprieta y tortura antes de asesinar a unos cuantos. Hay una falta de protección política efectiva por parte del Estado, y a pesar del contexto de “paz” el número de muertos se eleva y estremece, desconociendo el gobierno el accionar de los paramilitares, también capos del narcotráfico. La mayoría de sus crímenes se cometen en la modalidad de sicariato, por la que uno o varios hombres desconocidos y armados irrumpen en la vivienda de un campesino o defensor de derechos humanos, o en caminos que transitan, y accionan armas de fuego ocasionándoles la muerte instantánea.

Difícilmente el papa llegue a enterarse de la gravedad del asunto, y mucho menos creemos que se la plantee al nobel, mas no noble, Santos. Menos que noble, responsable del lento exterminio de Unión Patriótica, a manos de sus paramilitares, que serán los primeros en las filas, necesitados de una sanadora bendición papal que seguramente les hará olvidar sus pecados de empresarios-sicarios.

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