El gran sancionador

por Máximo Redondo

Durante la campaña 2016 Trump se ufanaba de que con él como presidente, Estados Unidos iba a dejar de meter las narices en asuntos ajenos, se iba a replegar sobre sí mismo para recuperar su enorme aparato industrial destruido y dar empleo a masas empobrecidas con la crisis financiera global de 2008, a quienes Obama no hizo otro favor que hundirlos aún más en la desocupación y la miseria. Muchos de ellos, de raza negra, protagonizaron revueltas ante los asesinatos selectivos de las policías yanquis. Más allá de estos problemitas internos, y de que los débiles mentales de gran puntería andan sueltos con rifles y escopetas dispuestos a disparar a todo ser humano que no sea blanco, anglosajón y protestante, y que en cualquier momento uno se puede cruzar con una marcha del renovado Ku klux klan, alentados por el mismo presidente, la cuestión es que el multimillonario bravucón incumplió tal promesa, y más bien comenzó a hacer desastres en distintos puntos del planeta, para demostrar que él no es un blandengue como el negrito que lo antecedió. Así, luego de lanzar la Madre de todas las Bombas en Afganistán y de insistir con asestarle golpes al bueno de Al Asad en Siria y dar apoyo armamentístico, logístico y espiritual para que Israel continúe masacrando al pueblo palestino, don Aldo (como le decimos en el barrio) se despachó con sanciones a Rusia, a Corea del Norte, China, Irán, Qatar, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Turquía, y prepoteó a los líderes de la Unión Europea obligándolos a comprometerse con más dinero y hombres en la OTAN. En síntesis, Trump intenta intervenir fuera de Estados Unidos en cualquier centímetro del universo que presente conflictos, como si su ejército de drogadictos y espías no hubiese sido humillado lo suficiente en Vietnam y no estuviera empantanado en Afganistán, luchando por conquistar un puñado de opio contra tribus de talibanes con hábitos medievales, por no decir prehistóricos (aunque tienen armas renovadas, de alta tecnología, proporcionadas por Rusia). También aplicó sanciones a Cuba que tienden a enfriar relaciones bastante gélidas. Sin embargo, la economía cubana va cada vez mejor. Sanciones a Nicaragua porque no piensa pagar las indemnizaciones impuestas por la Corte de la Haya ante los crímenes y los desastres sociales, económicos y culturales que ocasionó su intervención en el país centroamericano. Sanciones con saña a Venezuela porque es el frente de oposición más fuerte que tiene en su radio más cercano de acción. Por suerte Maduro avanzó con la Asamblea Constituyente y está blindando el país para evitar la invasión que piden a gritos los guarimberos y la derecha violenta, cuyo hobby preferido es quemar vivos chavistas, ante el aplauso o la indiferencia de la canalla mediática. Los ricos y las clases profesionales burguesas –muchos que obtuvieron sus títulos gracias a las políticas de educación de la Revolución Bolivariana- huyen a otros países de la región para cantar pestes en contra del gobierno. Vienen a envenenar nuestra alma y a alimentar el odio, no saben un poquito de las enseñanzas del Che. Los de más recursos llegan a Miami para conchabarse en la CIA o en alguna agencia estadounidense y desplegar labores golpistas a nivel continental. Son un grupo muy influyente ante Trump y el blondo vejete, que siempre anda cachondo por el viagra que se clava todos los días a las tres de la tarde, considera seriamente la posibilidad de atacar Venezuela. Entretanto, Kim Jong Un se dedica a lanzar misiles estériles que no hacen daño alguno, para que Estados Unidos, Japón y Corea del Sur inventen más sanciones y más maneras de dilatar la agonía de la humanidad.

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