Sabiduría indígena y soluciones mágicas de Evo

(Maldita Realidad)

En Chile hay muchos más presos bolivianos que presos chilenos en Bolivia. La ecuación parece ser siempre negativa para uno de los pocos países sudamericanos que resisten las embestidas del imperio en alianza con las corporaciones mediáticas y las mafias instaladas en las instituciones judiciales y policiales en todos sus niveles. La historia ya la hemos presentado en Maldita Realidad, aunque en forma efímera y superficial. Además de las tradicionales disputas por la salida al mar, la confrontación aún irresuelta en la Corte de La Haya (lo que demuestra su absoluta inutilidad, a la par de organismos como la ONU y la Corte Penal Internacional), las reyertas por motivos estrictamente territoriales, se sumó este año el aprisionamiento de dos militares y siete agentes de Aduana bolivianos por los carabineros chilenos, quienes se sacaron las ganas de torturar y martirizar extranjeros. Acusándolos del robo de un camión y de portación ilegal de armas (cuando simplemente estaban efectuando un operativo en el cual estaban deteniendo a un camionero contrabandista chileno), los mantuvieron durante 101 días a pan y agua, en peores condiciones que mineros atrapados luego de un derrumbe. Las negociaciones entre Morales y Bachelet desembocaron en un juicio abreviado en el cual el tribunal de garantía de Pozo Almonte los sentenció expulsándolos del país, previa cancelación de 51.000 dólares como fianza por haber incurrido en los mencionados ilícitos, por los que fueron acusados por la fiscalía de Tarapacá. Cuestión que los bolivianos se vieron obligados a bajar la cabeza y darle la razón al enemigo, además de padecer el “oprobio” de ser expulsados de Chile, eyección anhelada por millones de chilenos sin futuro hundidos en la pobreza, de trabajadores que se olvidaron lo que es el trabajo, porque se trata del país neoliberal modelo, que ha generado una sociedad donde la barbarie, la explotación y la miseria humanas forman parte del paisaje, en toda su delgada extensión de norte a sur, donde el trabajo es precario e informal por naturaleza. Del otro lado de la frontera, los “nueve” bolivianos trastocaron sus ropajes de villanos y se convirtieron rápidamente en héroes, siendo invitados al Palacio del Quemado, donde han sido condecorados por el presidente por el gran servicio brindado a la patria, a la única plurinacional que mantiene el orgullo en la mirada y el ejercicio de la soberanía en sus despliegues geoestratégicos. Quedaron contentos de uno y otro lado: los chilenos humillaron a agentes extranjeros una vez más, efectivizando una condena infame y falaz. Los bolivianos volvieron con sus seres queridos, con sus mujeres, hijos, madres, con ese espíritu familiar primitivo que reina en el Altiplano. Los soldados bolivianos perdieron la línea en Chile, se vieron sometidos a vejaciones y las soportaron estoicamente. No pudieron dar con el contrabando buscado pero podrán narrar a las futuras generaciones su interesante historia. Y en todo caso, cabe destacar la audacia y diplomacia de Evo Morales, quien fue el que propuso la mágica solución paraun haz de leña que le había echado más fuego a la ya debilitada y marchita relación entre los dos países vecinos.

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