La risa del demiurgo

obra de Robert Frost, traducción de Hugo Müller

Era lejos en la monotonía del bosque;

yo estaba corriendo contento en el camino del Demonio,

aún cuando supiera que lo que estaba cazando no era el verdadero dios.
Era justo cuando la luz comienza a decaer que súbitamente escuché

todo lo que necesitaba escuchar:
me duró mucho y a muchos un año.

El sonido estaba detrás de mí en lugar de antes,

un sonido soñoliento, pero medio burlón,

como de alguien que no se cuidaba en absoluto.

El Demonio se levantó de su revolcada para reír,

peinando la mugre de su ojo mientras se iba;

y supe bien lo que el Demonio quiso decir.
No debería olvidar cómo sonaba su risa.

La sentí como la de un loco atrapado,

y revisé mis pasos disimulando,

era algo que había entre las hojas que perseguía

(aunque inseguro de si se había quedado para ver).
Luego de un rato me senté contra un árbol.

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