La fuga

Una vez, cuando la nieve del año comenzaba a caer

nos detuvimos junto a la pastura de una montaña

para decir ‘¿El potro de quién?’
Un pequeño Morgan tenía un antepie en la pared,

el otro enroscado en su pecho.

Mojó su cabeza y nos bufó. Y luego tuvo que empernarse.

Oímos el trueno en miniatura donde voló,

y lo vimos, o pensamos que lo veíamos,

tenue y gris, como una sombra contra la cortina de copos que caen.

‘Pienso que el pequeño compañero tiene miedo de la nieve.

No es un roto de invierno. Ni siquiera juega a nada con el pequeño.

Está escapando. Dudo incluso que su madre pueda decirle

‘Sakes, es sólo el tiempo’ ¡El pensaba que ella no sabía!
‘¿Dónde está la madre? No puede estar afuera solo’.

Y ahora él viene nuevamente con un estrépito de piedra

y trepa la pared otra vez con ojos en blanco

y toda su cola que no ha sido depilada derecho.
Estremece su capa como si lanzara mariposas.

‘A quien sea que lo dejó salir tan tarde,

cuando otras criaturas ya están guardadas,

deberían decirle que venga y lo lleve adentro’.

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