Citas apócrifas de monjes insanos

por Enrique Müller

Sobre gustos no hay nada escrito

Se le atribuye al monje griego Dionisos Gianacopulus este dicho cuando se encontraba cocinando y quería sazonar una cabra con miel y orégano. En el siglo II muy poca gente sabía leer y escribir, es por ello que su dicho no está hoy totalmente fuera de contexto. No se escribían recetas, ni había cocineros por TV, ni existía Karlos Arguiñano.

Hoy en día la frase es ridícula, ya que no se han escrito más que grandes libros y tratados sobre el gusto y no sólo sobre la comida, también la ropa, las joyas, el maquillaje, todo lo que uno pueda imaginar, incluso lo que hace al buen gusto. También se le atribuyen:

A falta de pan, buenas son tortas; Contigo pan y cebolla y Agarrar para el lado de los tomates. Pero éstos los analizaremos en otra ocasión.

 

No hay mal que por bien no venga

En realidad tendríamos que rastrear en la doctrina del budismo, en cuyos fundamentos encontramos algo así como que hay que recibir con felicidad todos los momentos en esta vida. Pero sin duda fueron los cruzados quienes trajeron el dicho a Europa y lo transformaron. No siempre los males vienen bien, pero se trata de ser optimista a ultranza, para no caer en el pesimismo. Dudoso. Se le atribuye a Akanshka Pritbutlim, 400 a.C., quién murió ahorcado en la hoguera.

 

Fuimos seleccionados por Dios, que es argentino

Se le atribuye a Carlos S. Bilardo (1939-) cuando Argentina ganaba el mundial ‘86. Si bien es cierto que tuvimos su ayuda (una mano) en el primer gol a los ingleses parece exagerado decir que el equipo fue elegido por el innombrable. Hubo un montón de jugadas y partidos que prueban lo contrario. Luego de ese mundial hay muchos argentinos que creen que un jugador “es” Dios.

 

A llorar a la iglesia

 

Las plañideras siempre existieron, también llamadas lloronas. Se les pagaba para que inundaran de lágrimas funerales con pocos invitados. Dicen que Pancracio (250 d.C.) al ver a una señora llorando por la calle le dio la dirección correcta para hacerlo y le prometió que sería recompensada. Hoy en día cuando alguien se quiere quejar por algo se lo sigue mandando a la misma casa religiosa. Amén.

 

Al que madruga Dios lo ayuda

Maitines, en la Edad Media los monjes se despertaban a las 3 de la mañana para el primer rezo. Había un monje, Teofilus Gramius, de muy buen comer, al que le costaba levantarse a esa hora. En realidad dicen las malas lenguas que sólo podía despertar luego de las siete, el tiempo que le llevaba hacer la digestión. Fue el Abad Santiago Ritus quien montó en cólera y en su reprimenda a Teofilus le espetó la frase del madrugón. Pero no está probado, si podemos decir, que uno tiene más tiempo de hacer cosas, pero hay que veri si Dios ayuda o no, sólo es cuestión de cantidad, no de calidad.

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