XX. Métodos pedagógicos de la Garza Sosa

La Garza Sosa reemplazó a Francisco adaptándose al cargo enseguida. Hacía sus primeras armas docentes con solvencia y pulcritud, olvidado por completo del mundo del delito. Era el único profesor de la Universidad que no salía con putas ni consumía cocaína, sólo alcohol y para emprender alguna investigación cirrótica en serio, como la que había realizado Rodríguez con la ayuda del éter. A diferencia de su antecesor, se interesó por las vicisitudes de la vida académica.

Diversos planes de capacitación docente inyectaron e imprimieron en la institución una energía proactiva y productiva. La Garza no se hundió en los senderos más intrincados de la Cirrosis, asumió su nuevo trabajo por vía de la acción armando recorridos y paseos por la provincia de Buenos Aires, donde los estudiantes tenían la oportunidad de practicar sus primeros asaltos a mano armada. Para enfrentar a los agentes de “inteligencia” del Estado se requerían armas y tácticas sofisticadas, y se precisaba mucho dinero para solventar el nuevo rumbo de la Universidad, hacia la guerra total contra el “Trabajo” y la “Ocupación” actuales, fundados en el cruel sistema capitalista y representados por los puestos de avanzada de los marines yanquis distribuidos en toda la patria.

Sosa era un hombre naturalmente corajudo, respetado tanto por policías como por compañeros y guardiacárceles. Nadie quería enojarse con él y sus alumnos pronto entraban en confianza y amistad. El les ponía la misma nota a todos, los calificaba en forma grupal en una actitud que pretendía abominar del individualismo de la época. Su visión de los problemas del país era clara y sus enseñanzas no se hacían difusas como lo que se aprende en las universidades más tradicionales: puro verso de nula aplicabilidad. A la par de su labor pedagógica, la Garza formó una nueva familia, eligiendo como esposa a una joven estudiante de 19 años llena de aros, pendientes y tatuajes. En los congresos con colegas latinoamericanos, la Garza disertaba sobre cómo lograr una auténtica unidad, coordinando proyectos educativos tendientes a sacar a la población de su ignorancia y estrechez de miras. En suma, elevó la Cátedra de Cirrosis II a una altura que Francisco jamás hubiera alcanzado, llevando toda su construcción teórica a la realidad. Otra cualidad de la Garza era que se entendía muy bien con analfabetos y drogadictos, lo que le hacía cumplir un rol de intérprete en muchas ocasiones (entre una señora de clase media y una niña embarazada y pobre, entre un adicto al éxtasis y las personas de su entorno que están inmersas en pavadas, etc.). Su origen era tan humilde como el de Alí y ambos tenían en la mirada un mismo fulgor.

-Estamos yendo ahora a la parte trasera de la villa, donde se consiguen revólveres y escopetas baratos. La negociación con los vendedores debe ser rápida y directa, se revisa el arma in situ y se le cargan las balas. Se camina rápido, agazapándose mientras se detectan el lugar y las personas que serán atracadas, escondiendo el cuerpo en huecos y contraventanas, los ojos sombríos y enrojecidos, eludiendo pasajes iluminados. Por las dudas, tienen que llevar escondido en los pantalones un pequeño garrote de hierro, con los que se puede partir los sesos de los agentes más pesados o ágiles. Ustedes tienen que disimular y actuar como si estuvieran drogados, así inspiran terror y captan la voluntad de las víctimas. Hay mujeres que se emocionan y se ponen lascivas en una situación de violencia, se excitan con la sangre y los delirios que puedan inventar en ese momento, tienen que hacerles entender que están pasados de rosca, que se les volaron las ilusiones y que la vida representa para ustedes algo sucio y ruin, sueños abortados, hambre e incapacidad de sobrevivir, el desamor más absoluto. Sólo así se pueden cumplir los planes originales, surgidos en esta clase práctica de Cirrosis II.

Adoctrinando a las futuras generaciones de este modo, como lo hacía la Garza, se podría garantizar buenos índices de Desocupación hasta el año 3000. Carlos observaba que Sosa impartía su materia con preocupación por el futuro de la juventud, y que detestaba los espíritus blandengues. La Garza hizo una bella amistad con Pepe y otros piqueteros veteranos. Era uno de los objetivos principales de las fuerzas represoras del gobierno. Como se aprecia en los métodos pedagógicos de la Garza, la Cirrosis como disciplina tenía la flexibilidad suficiente para diversificarse y orientarse por los carriles de la lucha social, pudiendo concebirse como una poderosa herramienta de combate.

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