El garoto de Ipanema

El último día fuimos a la famosa playa y disfrutamos de sus concurrentes chic. Allí se mezclan con ligereza y armonía cariocas y turistas, conformándose un gentío colorido y encantador. Desde los vendedores hasta los guardavidas municipales, todos prestan su porte para darle a la playa un toque de sofisticación candente. Con sendos sandwiches bailando en nuestras barrigas, tomamos el metro en Catete y en 15 minutos el mar brasileño, con sus tradicionales morros, se presentó a nuestros ojos. Si bien comprendo a las personas que aborrecen llenarse de arena, bien valía la pena posicionarse en un lugar estratégico y observar el ocio y el regocijo de los bañistas. La tarde estaba nublada –incluso relampagueaba en Tijuca- y el sol filtraba milagrosos rayos anaranjados que punzaban las diferentes tonalidades de gris del cielo. Pero los dibujos de la naturaleza (o de Dios) eran poco interesantes al lado del comportamiento del Garoto de Ipanema. Así bautizamos a un muchacho ebrio que correteaba y procuraba divertirse y dialogar con todas las personas que lo rodeaban. Su voz meliflua trastabillaba torpemente y no llegaba a coordinar una idea, pero a la mayoría les resultaba simpático –”legal”- y disfrutaban de interactuar un rato con él. A nosotros nos hizo un gesto de okey con ambas manos y nos convidó una cerveza. Su único acompañante era un gordito sonriente que hablaba por celular y lo vigilaba quieto, sentado y bebiendo. El iba y venía de un grupo a otro, contento y satisfecho. En forma evidente, quería conquistar alguna mujer –especialmente extranjeras- mas fracasaba en sus intentos de acercamiento. Esto no impedía que se zambullera feliz en las olas y vagara hasta acomodarse con las personas que le daban cabida, como los artesanos argentinos, peruanos y mexicanos de la zona. Su sunga revelaba un físico enclenque, poco desarrollado en comparación con los locales. Esto no obstaba para que repentinamente hiciera algún movimiento de manos o pies atlético o estrafalario. Al final de nuestra estadía, el Garoto había logrado entretener a una muchacha inglesa por más de 20 minutos, en lo que consideramos una hazaña superadora de cualquier acción sociable o creadora realizada por la mucho más famosa garota de Ipanema.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *