VI. Cátedra de Vagancia

La Universidad contemplaba un régimen de becas destinado a personas con padres desocupados u ociosos durante toda la vida. Resultaba complicado acreditar tal condición y no obstante ello, se otorgaron ochenta becas en el primer año. Entre otras innovaciones académicas que había instaurado Carlos se destacaba una de singular importancia que se originó durante la revisión de los currículums de los estudiantes inscriptos. Al repasar su formación y capacitación para el Ocio y la Desocupación surgió la ficha de Pepe Santillán –así se llamaba el alumno, quien se hallaba adiestrado en técnicas varias de ambas disciplinas, contando con la experiencia y los conocimientos suficientes para colocarlo en un lugar adelantado respecto de muchos docentes de la Universidad-. Entonces, de inmediato, el rector organizó un conciliábulo para decidir qué hacer con aquella situación. Se discutió un montón sin arribar a un acuerdo. Algunos profesores sugirieron incorporarlo al plantel docente y asignarle la cátedra de Lucha y Revolución. Otros, con cierto recelo competitivo, pidieron que se restringiera su participación a un curso o taller de Lucha Popular –como el que daba el líder piquetero Emilio Alí-. Ariel dijo que podía encargarse de las Relaciones Institucionales de la Universidad. Ninguna propuesta convenció hasta que Carlos se iluminó, ocurriéndosele una idea que expresó con la lengua regocijada:

-¿Y si lo anotamos en segundo año?

-¿Pero cómo? Aún no se han determinado los profesores y faltan dos días para que empiecen las clases –dijo Fidel.

-Eso no es un problema, tengo varios candidatos, los convoco y listo. Va a ser una prueba piloto notable: veinte profesores dedicados a la instrucción de un solo estudiante, ofreciéndole su tiempo, su sudor y su trabajo, para que el primer egresado de nuestra Universidad no tenga competidores en el mundo de Ocio y Desocupación que se avizora en el horizonte nacional –y latinoamericano-.

Todos los docentes aplaudieron y aprobaron la moción del rector.

Pepe, por lo tanto, era el único estudiante de segundo año, ejemplo y modelo de conducta para miles de jóvenes argentinos que se habían anotado para el primero. A sus clases no se podía asistir como oyente: era un enfrentamiento alumno versus profesor encarnado. Si Santillán no cazaba un concepto levantaba su puño y mostraba sus nudillos callosos al docente en cuestión, y si hacía falta llegaba a impactar la nariz de su oponente. Por lo general, la pelea se armaba cuando Pepe se emperraba en sostener ideas extremistas que refutaban las verdades de la Vagancia, materia que dictaba Fermín Iglesias, un ex-diputado de la Nación. Las clases de Iglesias eran grabadas y transcriptas a papel por la Secretaría de Apuntes de la Universidad. Todos los alumnos de primer año adquirieron con sus ahorros la primera clase de Vagancia, que decía así:

“-Hola Pepe.

-¿Cómo anda Fermín?

-Bien, aquí, en mi nuevo rol de formador de jóvenes desocupados de ley y ociosos avivados.

-Mire que no vine aquí para aprender chantadas. Hay que fijarse en el contexto: medio país se está muriendo de hambre y frío.

-Usted sabe que entre los objetivos de mi disciplina se incluye remediar los males que aquejan a la Nación, ayudando directamente a la gente, a los más empobrecidos de manera particular.

-Explíqueme qué estrategias propone su ciencia para cumplir tal objetivo.

-En principio, me parece que usted se está apresurando. Mi exposición oral demanda una introducción, una presentación de los orígenes de la Vagancia, que se remonta a la aparición del primer hombre en la tierra. ¿Qué otra cosa se podía hacer en el jardín del Edén sino vagar, contemplar extasiado la perfección del cosmos que pergeñó Dios?”

Acotación del transcriptor: Santillán alza su mano, golpetea el pupitre con sus dedos gruesos.

“-Sí Pepe, dígame.

-Su visión bíblica constituye una herejía en una Universidad irreligiosa como ésta.

-No importa eso. Lo más importante es que ilustra bien lo que le quiero significar: la Vagancia es algo inherente al ser humano. Los máximos héroes de la literatura universal son vagos irremediables o luchadores ridículos. Sin embargo, hay un aspecto de nuestra ciencia que la malquista con el orden establecido. La mayoría de la población cree que la Vagancia conduce a la perdición y la miseria, no logra vislumbrar el ánimo positivo que pueden contagiar las sorpresas que uno encuentra durante el acto de vagar.”

Acotación del transcriptor: El profesor ve que Santillán se distrae observando un cuadro colgado arriba del pizarrón que representa la figura de un ex-presidente, propiciador de la Desocupación.

“-Mire Santillán, la Vagancia es una disciplina que comprende muchas sutilezas y tiene que prestarme atención.”

Acotación del transcriptor: Pepe tuerce el cuello, gruñe palabras ininteligibles. Sus dientes amarillos y semi-podridos se balancean como si hubiesen divisado una apetecible presa: la yugular de Fermín, que lo atisba alelado antes de retomar la palabra.

“-Esa foto de Menem es bárbara, el tipo tenía una flor de imagen, su poder de seducción me embriaga. Era un mistagogo sin dudas.”

Acotación del transcriptor: La clase sigue en ese tenor: diálogos picantes o ácidos, derivaciones a grandes temas políticos que se resumen en uno: la enormidad del carácter corrupto del alma humana. Iglesias tiene buenos recursos didácticos. A veces interrumpe su exposición para tomar líneas de cocaína. Las enfila velozmente con una tarjeta telefónica y las aspira con fruición. Es un cocainómano de aquellos que se enganchan a la droga hasta que el corazón les advierte que está a punto de estallar. Entonces, si tienen dinero suficiente pueden internarse y ser recuperados para una feliz reincidencia; si no lo tienen, el corazón les estalla de verdad. Pepe lo ve hurgar en la sustancia blanca esperando que Iglesias le convide. El académico frunce la nariz, se mete en un viaje coquero. Se separa del escritorio y le ofrece una raya a su alumno con solemnes mohines. Santillán se para, saca un canutillo del bolsillo de su campera, lo introduce en su nariz y aspira lentamente, atrayendo con suavidad el polvo blancuzco que se esparce por su garganta. Afloja el canutillo, se lo quita de la nariz y lo limpia con un pañuelo antes de guardarlo en el mismo bolsillo. Se sienta y le dice a su profesor:

“-¡Qué buena estuvo esta interrupción!”

Acotación del transcriptor: Fermín ignora su comentario y retoma el hilo de la clase…

“-La vagancia, pues, tiene una raíz noble y sagrada. Su etimología lo revela: vagar es ‘estar libre’, que estimo es lo máximo que puede pretender un ser humano. ‘Tener tiempo y estar ocioso’, el ‘dolce far niente’ son fórmulas que retratan a duras penas lo que implica la metodología de un vago mayor, como lo fue Jesucristo. Perdone que apele a otro ejemplo religioso, sucede que pintan perfecto el mundo de la Vagancia. De ahí se rescatan millones de fieles, y debo reconocerle que me incluyo entre ellos: para mí, Cristo fue un capo, jamás trabajó en su vida.

-En ese sentido, no puedo contradecirlo, hacer sanaciones milagrosas no se puede considerar un oficio.

-Pues bien, hay misiones más importantes que la del obrero tradicional, y no me refiero al martirologio de Jesucristo, que es propio de un Circo Romano. Hablo de tácticas para combatir al Poder instituido a través de la palabra. Lo malo de Cristo es que no calculó las consecuencias de sus actos: la fundación de una religión que no hizo otra cosa que aliarse con las castas más malignas de la sociedad: el lumpenaje, los delincuentes, etc.”

Acotación del transcriptor: Pepe y Fermín se entrelazaron en una clase milagrosa que derivó y naufragó en ricos pormenores. Como transcriptor, operador de grabador, tipeador y vendedor de mi trabajo, expando mi conciencia durante la grabación de la cátedra de Vagancia. Al ver frente a frente a aquellos hombres rudos e intelectuales, pronto uno advierte que les sobra temple para soportar los vaivenes a los que está expuesta la Universidad en un mercado sumamente competitivo. Todos saben que la Universidad del Ocio y la Desocupación cuenta con un financiamiento mixto: por un lado, el rector ha conseguido fondos públicos, a partir de la gestión de un funcionario del Ministerio de Educación, amigo suyo, que apoyó el proyecto desde el principio; por otro, respetables capitales privados de importantes compañías transnacionales aportan a su mantenimiento. En este momento, como transcriptor, estoy flotando en profundidades de sinrazón. No necesito oír lo que charlan alumno y profesor, sí veo cómo fluyen sus palabras en el aire del aula, a través del pizarrón, de una pared a otra, volando sobre el cuadro de Macri, prócer de la Desocupación. Iglesias se refiere a su figura sonriendo y con ironías, Pepe lo odia, quiere ladrarle y morderle una pierna inclusive. Percibo claramente estos sentimientos de los dos hombres maduros, cabeza a cabeza, líderes y máximos vanguardistas del país.

Fin de la primera clase de Vagancia, perteneciente al primer cuatrimestre del segundo año de la carrera de Desocupación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *