rosario

Mi padre era un tipo lleno de refranes: “temprano a la cama, temprano levantarse”, “hacé tu cama antes de salir de la habitación”, “un centavo ahorrado es…” “hacé lo que digo, no lo que hago…”, “si no prosperas, deberás chupar huevos…” Había otros pero los he olvidado, ¡cómo los soltaba uno tras otro indefinidamente!

Cuando murió lo fui a ver en su ataúd. Todos hablaban sobre lo bien que se veía. “¡Qué paz irradia, mírenlo!”, “¡qué calmo, lo han puesto realmente bonito!”. Yo sólo lo contemplaba casi esperando que saltara para largarme uno de sus refranes. “Prefiero un culo muerto a no tener culo del todo…” “¿No te preguntás dónde estoy cazando narcisos atrompetados ahora?”. Pero nada sucedió, así que salí del cuarto fúnebre seguido por mi tío, que dijo:

-¡Hey, Enrique, vamos a comer algo!

-Conozco un lugar –dije-, vos seguime…

Casi podía oírlo diciendo desde su ataúd: “El camino para llegar al corazón del hombre pasa por el estómago…”.

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