noche lenta

Atrapado fuera de foco, el tiempo es descarnado. Con mis chinelas puestas, los gatos dormidos, música de órgano en la radio, enciendo un cigarro, lucho por una apacible cordura. He comido, me he bañado. La botella está sin abrir. Oh, si los chicos pudieran verme ahora. O si yo pudiera verlos a ellos, los “ellos” que han dejado. Pronto me dormiré, los dedos de mis pies apuntando al norte. El mañana, si llega, podría ser algo mejor. Mientras tanto, apago la luz del escritorio, me levanto, camino hacia la habitación seguido por 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, veintisiete, 28, 29, 30, 31, 32, 33, 34, 35, 36, 37, 38, 39, 40, 41, 42, 43, 44, 45, 46, 47, 48, 49, 50, 51, 52, 53, 54, 55, 56, 57, 58, 59, 60, sesenta y uno, 62, 63, 64, 65, 66, 67, sesenta y ocho, 69, 70, 71 años para encontrar a la buena esposa que me soporta.

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