la mujer vomitadora

Teníamos como catorce años, Baldy, Norman y yo. Estábamos sentados en el parque, alrededor de las 10 p.m. Tomando cerveza robada. Entonces vimos un auto acercarse a la vereda. La puerta se abrió, una mujer se agachó y vomitó en la acera. Dejó caer una buena carga. Luego se sentó por un rato. Y luego salió a caminar por el parque. Lo hacía de un modo tambaleante.

-Está borracha –dijo Norman. –Vamos a cogerla.

-Vamos –dije yo.

-Vamos –dijo Baldy.

Se movía por el parque, caminando desorientada. Era una joven robusta, buenas pechos, lindas piernas. Vacilaba sobre sus tacos altos.

-¡Yo la voy a enderezar! –dijo Norman.

Luego nos vio sentados en el banco.

-Oh –dijo ella.

Se acercó, contemplándonos.

-Oh, son sólo unos chicos buenos…

Eso no nos gustó.

-¿Qué tal si nos echamos un trago? –preguntó Norman.

-Oh no, ya tomé demasiado, me siento horrible, tuve una pelea con mi novio.

Se quedó parada, bañada por la luz de la luna.

-¿Qué tiene él que yo no tenga? –preguntó Norman.

-¡No te hagas el vivo!

-Ven aquí, nena, tengo algo que te quiero mostrar –dijo Baldy.

-Me voy –dijo y comenzó a alejarse.

Baldy se paró (estaba medio borracho) y la siguió.

-¡Tengo algo para vos, nena!

La mujer comenzó a correr. Baldy la persiguió. Cuando intentó hacerla caer falló, rebotó en el culo de ella y cayó al pasto. La mujer corrió hasta su auto, lo encendió y salió disparando. Baldy retornó al banco con nosotros.

-¡Qué puta de mierda! –dijo.

Volvió a sentarse, tomó su cerveza y se mandó un poderoso trago.

-Ella lo quería, lo quería en serio –dijo Baldy.

-Vos tenés agallas –dije yo.

-¿Creés que volverá? –preguntó Norman.

-Seguro –dijo Baldy. –Quiere mi pija.

Creo que ninguno esperaba en verdad que volviera, pero estábamos sentados tomando cerveza y nos quedamos a esperarla. Eramos todos vírgenes. Pero nos sentíamos poderosos, sentados, fumando y vaciando latas de cerveza. Más tarde, todos iríamos a nuestras casas a masturbarnos, pensando en la mujer del parque, besando su boca embebida en whisky, sus largas piernas brillando bajo la luna, la fuente del parque vertiendo su agua mientras nuestros padres duermen en la otra habitación, cansados de todo.

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