La filosofía de Neanderthal

El temor a las arañas o a las cucarachas era algo desconocido para él. Teniendo como maestro a Botella es posible imaginar sus principios éticos y etílicos. Neanderthal abrevó desde pequeño un auténtico “amáos los unos a los otros”, lejano al de la hipócrita doctrina cristiana. Este “amáos los unos a los otros” se basaba en distinguir bien quiénes eran los unos y quiénes los otros. Caso contrario, todo puede confundirse en un amor libre, repugnante y mentiroso.

-Para amar se necesita un alma virgen, el apetito sexual nada tiene que ver con el amor –le dijo Wilson cuando Neanderthal le contó que ya tenía erecciones.

-La verdad que no lo puedo entender, viejo, ¿cómo es eso?

-Quizás te des cuenta cuando concretes tus primeras experiencias. El mensaje de Dios es que uno debe amar hasta a sus enemigos, y eso es un engaño cruel. El amor no es todopoderoso, se manifiesta de una sola forma y en una única dirección. Desconfiá de los que aman a todo el mundo.

-Sí, viejo, naturalmente detesto a los filántropos.

-La vida es básicamente una disputa por comida y comodidades. Mientras ganes en buena ley las tuyas no tienes de qué preocuparte.

-Eso suena cínico y ruin.

-Así es, y no se puede esperar demasiado de los hombres: todos los héroes románticos pronto acaban muertos, quienes se impregnan de ilusiones recaen en la chochez. La muerte sólo es nada y vacío, una gran nada de nada.

-Exacto.

Ya sea porque el padre estaba distraído con su trabajo, ya fuese porque el hijo andaba persiguiendo a alguna vecina para declararle su deseo sexual, en determinadas ocasiones las pláticas de Botella y Neanderthal no eran tan coherentes ni puntillosas, divagaban en lugar de filosofar. Los fundamentos de la filosofía de Neanderthal consistían en aprovechar la distribución gratuita de almuerzos y cenas que hacían las instituciones religiosas del barrio, introducirse en los lavabos de bares de categoría para asearse y hacer sus necesidades, y asisitir a eventos culturales gratuitos. Cualquier marcha o manifestación popular en contra de las leyes vigentes llamaba su atención y concurría para comprender cabalmente los problemas que generaba una justicia incompetente, creada por los hombres e inspirada en los designios de Dios.

En síntesis, la de Neanderthal es una filosofía simple, investigadora de la verdad, que no permite el ‘vale todo’. Procura entender y ayudar a los pobres, aportar a la humanidad algo de sensatez, buscar la esencia de las cosas alejándose de la esquizofrenia posmoderna.

    Las causas por las cuales un ser se descarrila son múltiples y Neanderthal no escapó a esta regla. De hecho, nunca fue un ejemplo de conducta ni quiso convertirse en un modelo para su generación. Botella y Tita anhelaban un futuro mejor para él que el de un botellero. Tras diez años de jugar a la lotería sin acercarse a los premios, Estefanía acertó un día y ganó dinero suficiente para comprar una casa nueva. Botella le propuso fundar una academia de historia, lo que a su mujer le pareció disparatado. Esa desavenencia fue determinante en la separación de la pareja. Cambiar de calidad de vida era inaceptable para Botella, quien no comprendía cómo su mujer despreciaba sus proyectos académicos.

-Estás loca, la guita se te subió a la cabeza, ahora vas a querer una sirvienta también. Yo pensé que eras diferente –le espetó Wilson.

-Pero andá, si sos un infeliz que sólo sirve para recoger latitas y hacerse películas con libros inservibles –replicó Tita.

Peteco y Nadia estaban más de acuerdo con su madre. El departamentito los asfixiaba demasiado, ya habían crecido y necesitaban un cuarto propio, espacio para intimar con sus novios.

-Pero papá, ¿no te das cuenta de que vivimos como ratas? Esta es nuestra oportunidad para dar un salto importante. Una academia de historia no da frutos: sería desperdiciar el dinero –trató de persuadirlo Nadia.

-Sí, pa, por favor, acá hay que poner un poco de lucidez. Vamos a tener computadoras, DVDs, Neanderthal no va a linyerear más –agregó Peteco.

-Ustedes están errados …, se van a transformar en unos flojos bárbaros. Yo voy a hacer la mía, y Neanderthal seguro me va a seguir.

Así se plasmó una ruptura triste. Apenas cobró el premio, aparecieron ante Tita varios pretendientes que se esforzaron por conquistarla. Botella se dio cuenta de que su mujer no valía nada cuando la vio de la mano de un estúpido joyero.

    Al enterarse de la separación de sus padres, Neanderthal exclamó:

-Mejor así, no va a haber más confrontaciones.

Luego de una ardua jornada de recolección con su padre, un vecino amigo se lo anunció.

-A mí me cabe más el estilo de vida de mi viejo, a mi vieja la quiero pero no le vino bien ganarse la lotería.

Era extraño que el joven Neanderthal –ya contaba con catorce años-, tuviese opiniones semejantes, pero coincidía en varios aspectos con Botella. De todos modos, le costaba analizar la situación desde una perspectiva imparcial. Al joyero lo vio apenas una vez en su vida, bastándole para formarse una imagen sumamente negativa: lo tomó por un oportunista ignorante. Sus hermanos intentaron persuadirlo:

-Venite con nosotros, tendremos de todo. Incluso viajaremos a Europa y a miles de lugares interesantes.

-Están ciegos, actúan como nuevos ricos y jamás descubrirán el sentido de la vida. Yo estoy enamorado de mi pobreza, así que váyanse con Tita y el tarado ese. Nuestros caminos se separan aquí –les dijo Neanderthal con severidad.

En un gesto piadoso Estefanía le dejó el departamento a Wilson, y allí padre e hijo se acomodaron para llevar una vida relajada. Enseguida abandonaron el trabajo, comenzaron a beber y a dormir en el parque… Adoptaron una notoria falta de orientación en sus existencias. Botella no se procuró otra mujer, estaba definitivamente convencido de que eran traidoras y de que sólo podían traer problemas y veleidades insoportables. Se dio por satisfecho con su búsqueda de conocimiento y renegó de todo enciclopedismo. El alcohol fue su nueva fuente del saber, experimentando vinos y cervezas de cualquier calidad. Su apodo adquirió un nuevo significado. Ya era Botella en toda su dimensión alcohólica. Neanderthal no le iba en zaga, lo acompañaba a supermercados y almacenes y elegía sus propias marcas. Compartían alucinaciones y delirium tremens, se juntaban a descansar panza arriba a la sombra de los árboles con todos los borrachos del barrio. Dejaron de pagar las cuentas del departamento y les cortaron los servicios básicos (luz, agua, gas, etc.). Al año de la separación acumularon tantas deudas que les embargaron todas sus pertenencias. Jamás recibieron noticias de Tita ni les importó su destino. Se fueron con sus colchones a una casa abandonada de techo precario. Su régimen de vida empezó a perjudicar su salud. Botella ingresó con un coma hepático al hospital Durand a mediados del año 2000, muriendo un mes después ante la indiferencia de enfermeros y practicantes.

Neanderthal se ocupó en sobrevivir, inconciente de estar dilapidando su juventud. Su padre pronto fue un vago recuerdo en su memoria. Ya no era el pibe querido y respetado por su independencia y su vocación para apoyar las luchas de los pobres.

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