El ángel azul

Marlene Dietrich está cantando un lamento

para un amor mecánico.
Se apoya sobre un tablado a la orilla del mar.

Ella es un juguete del tamaño de la vida,

la muñeca de la eternidad;

su cabello tiene la forma de un sombrero abstracto

hecho de acero blanco.

Su rostro empolvado, de una blancura lavada

e inmóvil como un robot.

Emergiendo de su templo, aparece un ojo,

es una pequeña tecla blanca.

Ella mira por sus pupilas tristes y pálidas

puestas en los blancos de sus ojos.

Ella los cierra, y la tecla se enciende sola.

Ella abre los ojos y parpadean

como los de una estatua en un museo.

Su máquina comienza a moverse, la tecla se enciende

de nuevo, sus ojos cambian y canta.

-Podrías pensar que he elaborado un plan

para terminar el trabajo interior,

pero no hasta que encuentre a un hombre

que ocupe mi mente.

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