ding dong

Vino con un turbante atado alrededor de su cabeza, y la larga cola del turbante se bamboleaba a su lado como un cable de teléfono. Siempre lo estorbaba cuando intentaba encender un cigarrillo o tomar un trago. Su novia se vestía con un vestido de piel que la cubría hasta los pies. Sus ojos eran grandes y hermosos, y siempre parecían a punto de llorar. Pero era callada. Él no. A menudo saltaba y derramaba su bebida sobre su camisa floreada. Era peor que cualquier pelmazo. Estaba en mi casa y había otras personas. Yo lo agarré del cinturón, lo arrastré a un costado y le dije:

-¿Qué mierda te pasa? Digo, estás volviendo loco a todo el mundo, ¿tendré que patearte el culo para lograr un poco de silencio?

El continuó con su parloteo. Yo volví a sentarme, él me siguió y se sentó a mi lado. Era ingeniero de computadoras. El y la chica del vestido de piel se iban a casar. Sé que jamás hubiera ido a aquella boda.

Había un tipo sentado en el suelo, detrás de la mesa de café, que realmente estaba contando historias interesantes y divertidas, pero todo lo podíamos escuchar era al ingeniero de computadoras. Luego de un rato, desistimos y sólo escuchamos, aunque nadie entendía nada de lo que estaba diciendo.

El ingeniero de computadoras y su chica eran amigos de la mujer con quien vivía. Y dado que a mi mujer le gustaba decir que trataba mal a sus amigos, yo sólo me sentaba ahí y bebía mientras el tipo alto saltaba y volvía a sentarse hablando y enganchándose con su cable de teléfono. Yo miré a la mujer con quien vivía. Sonreía plácidamente mientras él gritaba sus idioteces. Y yo pensé “si esto es una prueba fallé otra vez. No puedo encontrar nada interesante en todo esto”. Y salí y le saqué de un tirón su cable de teléfono. Aún hablando, su cabeza dio un brinco y derramó su bebida en mí. Volvió a sentarse y comenzó nuevamente con más vigor que antes. Sólo que el desturbantado parecía aclarar los conceptos de su discurso, y finalmente comencé a comprender lo que estaba diciendo. Le decía al mundo que yo era un ser antisocial, lleno de mierda despreciable. Que los hermanos y las hermanas hundirían mi obra y mis modales mezquinos. Que cada hombre era un poeta y cada mujer también. Le serví un nuevo trago. Lo recogió y se lo mandó. El amor es lo que importa. Él continuó, y mucho más…

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