clase de arte

Por supuesto, no fue idea mía. Para mí, el arte es una palabra bastante sucia, usada por una gran cantidad de gente que se esconde detrás de sí misma. Me temo que soy una mierda, y prefiero que sea así, porque me dedico a mi pequeño juego y dejo libre lo que debe dejarse libre. Pero la madre le sugirió a nuestra hija ir a las clases de arte de los sábados, ¿y que puede decir sobre eso un hombre borracho, apostador y desocupado?

Me gusta estar con la niña, vale la pena, es una linda muñeca y nos reímos un montón. Pero la madre cree en el Arte, se junta con toda una banda de locos como ella –mastican el Arte como buitres, peleles, el alma charlatana de Wilde, bien, no importa. No permitan que caiga en eso, ¿está bien?

La primera vez, o dos veces, estuvo bien. Yo sólo era un hombre extraño parado ahí. Después, cuando las madres veían cómo mi hija corría hacia mí con una confianza y entusiasmo delicioso fui casi aceptado como si me interesara. Pero cuando avanzaron las semanas, los padres comenzaron a conocerse entre sí, y a conversar. Había un hombre que era terrible, algo cuadrado y hecho de madera, se acercaba rígidamente varias veces hacia mí, sonriendo. Yo me las arreglaba para apartarme o apoyarme contra la pared como si estuviese enfermo. Y había uno que era peor que todos los demás, una barba extrañamente rala, ojos siempre felices, vestido de púrpura, rojo y amarillo, muy interesado en la vida, siempre acometiendo a alguien, un tipo muy elegante. Yo, entretanto, me había roto el meñique del pie derecho en una borrachera, y entonces, cuando se aproximaba era con mucha dificultad que podía desplazarme y bajar las escaleras como si me hubiese olvidado mi sandwich de jamón o las Obras Completas de Keats. Pronto los padres comenzaron a comprender, y se mantenían en sus círculos hablando, y yo me quedaba solo en el mío, sin hablar. En la sala 6 había una maestra joven que parecía necesitar un buen polvo, y como yo soy un hombre viejo y de aspecto maléfico, le miraba el culo, las tetas, los labios, las orejas, todo, cuando salía de su habitación. Me odiaba y eso me entretenía mientras esperaba a mi hija.

El último sábado fue el peor. Llegué resacoso. Al mediodía, de la sala 3 salieron corriendo y yo pensé “bien, conseguiré a la chica, y jugaremos a Batman y Robin, comeremos helado y nos olvidaremos de la estafa del Arte”. Pero Jesús, todos corrieron hacia mí –el maestro, un tipo vergonzoso, probablemente una buena persona, sí, y todo lo demás, pero corrían todos hacia . Dieciséis niñas y doce niños de entre cinco y nueve años, y el maestro de arte vergonzoso corriendo. Tenían dos o tres globos grandes con símbolos de paz y diseños coloridos garabateados. Y no podía apartarme del camino. Mi pequeña estaba metida en el medio de todo eso, y yo pensé “Jesucristo, qué falsedad, qué enfermante. Qué repugnante es la gente linda y toda esa mierda del Arte, el engaño; todos estaban atrapados en aquel engaño, y dejaron volar sus globos de helio al cielo, y mi pequeña dijo:

-¡Hank, Hank, vení a ver!

Fui hasta ahí y miré, y el maestro dijo:

-¿Qué les sucederá? Díganme, ¿qué les va a suceder?

Y se ruborizó. Estaba pensando en los dos o tres globos de helio con sus símbolos de paz. Yo pensaba en las dieciséis niñas y los doce niños de entre cinco y nueve años, y tomé la mano de mi hija, y cojeando bajé la escalera con ella (me había remachacado el dedo). Y ella me dijo, pensando en los globos.

-Es algo triste.

Y yo dije:

-Sí, lo es.

Estonces hallamos mi Comet ’62 azul. Entramos, arrancó, doblamos a la izquierda y fuimos por Hollywood Boulevard, y pasando por un lavadero de autos ella dijo:

-Mirá, todos esos hombres con overoles anaranjados fregando los autos con trapos. ¿Por qué lo hacen?

-Para sobrevivir –le dije.

-Eso también es triste –dijo ella.

Es así, era triste, era su Arte, con muy poco de vergüenza, sólo trabajar y esperar, trabajar y esperar, mientras el sol se desperdicia, mientras ellos se desperdician. Cuando llegamos a mi casa me mostró sus pinturas y dije:

-Muy linda, ¿me puedo quedar con esta?

Y ella dijo:

-Seguro.

La colgué en la pared. Me está mirando ahora. Es el rostro de una chica, todo en rojo, y su boca está hablando, dice”OK“, y luego dice “no“. Eso es arte. Ni Batman, ni Robin ni Platón podrían haberlo dicho mejor.

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