burlesque

Jimmy, Bill y yo íbamos todos los domingos. El lugar quedaba en Main Street, con fotos de las chicas pegadas afuera. Ellas no eran siempre las mismas. A veces algunas se iban. De repente veías una chica en el coro y al rato la veías desnudándose, o veías una que se desnudaba y luego volvía al coro, reemplazada por una chica más joven. Había algo triste en todo eso. Y era peor durante el espectáculo, con los viejos haciendo bromas. Los jóvenes jamás bromeaban. Siempre eran los viejos, la mayoría sentados en la primera fila, que le decían “fila de los pelados”. Me gustaba el comediante. Lo mejor era la ropa que le colgaba, sus zapatos enormes, el sombrero que se balanceaba sobre su cabeza. Era muy bueno, nos reíamos de sus chistes y bufonadas. La nudista más bella siempre aparecía al final. Y de vez en cuando acababa mostrando todo. Algunas veces el show era interrumpido por la policía (nunca estuvimos ahí cuando sucedía eso). Pero cuando el teatro era clausurado volvía a abrir a la semana siguiente, con las mismas bailarinas. Una vez presenciamos cómo la más hermosa se desnudó por completo. No lo podíamos creer.

-¿La viste?

-¡La ví!

-¡Yo también!

Salimos a la calle sin poder creerlo.

-¡Apuesto que cerrarán el lugar!

-Quizá no había un policía de vicios en el público. A veces el gerente está avisado y le dice a la puta que está segura, y entonces muestra la concha.

-¿Entonces por qué a veces lo cierran?

-Será porque viene un agente nuevo que nadie conoce.

-Deberían dejar a las mujeres mostrar su conchas tranquilas. ¿Qué tiene de malo eso?

-La iglesia está en contra.

-A la mierda con la iglesia.

Caminamos por Main Street, tan jóvenes como nunca lograremos ser.

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