Huida cobarde de mercenarios pro-yanquis de Alepo

(Agencia Maldita Realidad)

No hace falta ser detective de guerra para darse cuenta de lo que está aconteciendo en Siria, ni un historiador puntilloso ni un analista de información exhaustivo para poder aseverar sin sesgos ni equivocaciones burdas que los Estados Unidos y la patota de la OTAN, con el apoyo financiero y logístico de las monarquías wahabíes (principalmente Arabia Saudita) y sus socios israelíes y turcos, son los responsables directos de todas las atrocidades cometidas en los últimos cinco años en el hermoso país conducido por Bashar Al Asad, un líder que resistió valientemente y no se amilanó ante los mercenarios entrenados y bancados por la CIA, que intentaron repetir el “éxito” de Libia, donde decapitaron a Kaddafi, en un crimen que aún no ha sido vengado ni tratado por la claudicante y cada vez más desdibujada Corte Penal Internacional. El terrorismo yihadista promocionado por los Estados Unidos no ha logrado quebrar la unidad del ejército sirio.

Resulta que los belicosos “rebeldes sirios” no eran sirios, sino afganos, libios, chechenos, iraquíes, pakistaníes y de otras naciones donde predomina la religión islámica. La transferencia de fondos, de material bélico y logística, así como de mercenarios, terroristas y fundamentalistas extranjeros entrenados en campos de instrucción estadounidenses, deja pruebas por todos lados, pero los crímenes de lesa humanidad de Estados Unidos y sus mencionados socios gozan de una consabida impunidad global, aún los perpetrados contra la pequeña isla de Cuba, que se ha quedado recientemente sin su líder histórico. Todas las evidencias halladas en documentos electrónicos, formales y tangibles, indican que Siria sufrió la invasión de mercenarios dispuestos a incendiar el país y a acabar con el gobierno de Al Asad -sin excluir su asesinato, calcando el procedimiento de Libia-, objetivo que ha fracasado a raíz de los avances y progresos de las fuerzas armadas sirias, que con el apoyo del ejército ruso, en las últimas semanas ha generado estragos en sus filas, provocando una masiva huida desde las ciudades y regiones que tenían controlados, hacia las fronteras con Turquía y Jordania, o bien, en naves hacia Libia y otros países del norte y el cuerno africano, donde se hallan sus campos de entrenamiento.

Ante esta situación, y en el súmmum del cinismo, la hipocresía y la estulticia combinadas, al ver que sus “soldados” se encuentran cercados y al punto del exterminio, Estados Unidos, seguido por sus socios europeos y árabes, solicitó en la ONU una tregua de 10 días en Alepo, para planificar ordenamente la retirada de su ejército no convencional, sus grupos de mercenarios infames, en lo que es un reconocimiento de su derrota en su intento por derrocar al líder sirio con todos los medios a su alcance (incluidos drones y asesinos especializados como los que supuestamente liquidaron a Bin Laden). Pero China y Rusia, como miembros del Consejo de Seguridad, vetaron esta propuesta, en lo que es un reflejo más de las pantomimas de la ONU, cuyas resoluciones suelen pasárselas por el trasero la mayoría de los gobiernos involucrados. Así y todo, es una buena noticia. No se puede permitir que los terroristas huyan, no se les debe garantizar corredores para que vuelvan a las andadas, pudiendo hacerlo en los países más renuentes al imperialismo yanqui-sionista en la región, como Irán o Líbano. Como en América Latina y tras la muerte de Chávez y Fidel, la lucha sigue. Hay que festejar la vergüenza y oprobio de los mercenarios yanquis, pero también hay que evitar que sus crímenes queden impunes.

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