Fidel Castro vive

 

(por Leila Soto)

Muy a pesar del capitalismo amable y del que no lo es tanto, un estadista cubano descansa pacíficamente en su país y junto a su pueblo. No será este evento el que lo inmortaliza, sino todas aquellas veces en que sus acciones y declaraciones marcaban una línea divisoria entre la maldita realidad y la pretendida por Fidel y la revolución. Como si fuera una saga hollywoodense, o una novela mexicana, Fidel y la revolución sobrevivieron a cientos de crisis, condenas mediáticas y los peores augurios. Los rumores sobre su muerte podrían ser una nueva y fracasada campaña. No se mueren quienes asumen el rol libertario de sus pueblos, se transforman en líderes, en símbolos y en orgullo nacional. Como no ha muerto Ho Chi Min, ni Mandela, ni San Martín. Todos los pueblos que han padecido el poder de los imperios construyen su resistencia, procrean a sus libertarios, conquistan con líderazgos cargados de una profunda humanidad. Con equivocaciones pero con pasión.

Curiosamente, para el mainstream gorila global fue el villano perfecto, al que se le podía decir dictador porque toda una comunidad cubano-estadounidense (gusana) así lo catalogaba y no estaba dispuesta a discutirlo. De la misma manera que Estados Unidos no discute su cariño por regímenes como el de Batista, Trujillo, Pinochet, Mubarak y su versión siglo XXI, Al Sisi. Basta con recordar las mil y una intervenciones estadounidenses en nuestra región para comprender que el antimperialismo latinoamericano no sólo es una cuestión ideológica sino de subsistencia.

Para los amantes de la democracia, sepan señores que Fidel supo comprenderla y auparla como pocos. Si la democracia es la que educa, alimenta y  dignifica, definitivamente Cuba y su revolución son un país democrático. Si en cambio, prefieren una democracia intervencionista, injusta, criminal y penitenciaria, sólo deben cruzar a los cayos de la Florida y convertirse en un demócrata que, por esas gracias del sistema, pueden elegir a racistas, corruptos que no tienen níngun problema en pasar por alto cualquier principio democrático si se considera un obstáculo. Como cualquier imperio o poder que va generando conflictos y contradicciones, se defenderá con lo que sea para sostener a su clase dominante.

Fidel ya nos advirtió sobre el verdadero enemigo en las sombras, los parásitos sociales a combatir. El carroñero y especulador sistema financiero global, Junto a una rancia elite artistócrata, eclesiástica o militar, dominan y hacen de sus intereses, la prioridad global. Para ello construyen líderes inflados en demasía como Obama, líderes como Merkel cuya única virtud es que los demás son peores. Pero como siempre, si la realidad choca con sus intereses, entonces disfrazan a la realidad. Travestida en un reallity. Mientras tanto, en un pequeña isla, con sólo la dignidad y el coraje, un hombre, muchos hombres y muchas mujeres riegan su sangre en la patria, su fuerza, su inteligencia y su arte. Hacen de su Quijote un estandarte con el que se afronta la guerra fría, el período especial, el bloqueo, el aislamiento. Y no ponen la otra mejilla, sino que ponen su coraje en los conflictos más desangelados. Reciben refugiados, curan a los enfermos, operan a los que no pueden ver. Ofrecen tratamiento a los niños víctimas del accidente de Chernobyl, producen vacunas. Combaten el ébola allí, en el continente donde un afrodescendiente bombardea Libia y como si fuera un juego de mesa, llena el tablero de bases militares. Donde un francés ocupa Mali, un británico compra tierras y vende armas. Este heroe no es de la usina Marvell. Disney jamás podrá comprar sus derechos. Todo un pueblo latinoamericano lo sostiene. Su compatriota Nicolas Guillén lo inmortaliza en este poema que se inspira en un soldado herido en un bombardeo y escribe con su sangre VIVA FIDEL.

La sangre numerosa

Cuando con sangre escribe
Fidel este soldado que por la Patria
muere, no digáis miserere:
esa sangre es el símbolo de la
Patria que vive.

Cuando su voz en pena,
lengua para expresarse parece que
no halla,
no digáis que se calla,
pues en la pura lengua de la Patria
resuena.

Cuando su cuerpo baja
exánime a la tierra que lo cubre
ambiciosa,
no digáis que reposa,
pues por la Patria en pie
resplandece y trabaja.

Ya nadie habrá que pueda
parar su corazón unido y repartido.
No digáis que se ha ido:
su sangre numerosa junto a la Patria queda

Nicolás Guillén

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